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El absentismo no es un problema más, es uno de los retos que toda empresa, grande o pequeña ha de enfrentar. Se ha convertido en un talón de Aquiles, en una clara desventaja competitiva. Recientes estudios arrojan cifras escalofriantes. El absentismo laboral costó a las empresas españolas más de 5.000 millones por incapacidad temporal de sus trabajadores, solo el año pasado. Además, en ese mismo año, los trabajadores que faltaron a sus lugares de trabajo dejaron de producir por valor superior a los 60.000 millones. 2016 se cerró con casi cinco millones de expedientes de absentismo común. Es una lacra.

Pero… ¿de qué estamos hablando realmente? De aquellas ausencias que suponen un incumplimiento de las condiciones establecidas en el contrato de trabajo. De la desidia camuflada. De la enfermedad supuesta. De la ausencia sin causa justificada. Claro que la respuesta de las asociaciones empresariales no se ha hecho esperar y reclaman más controles, más procedimientos, normativas más rígidas. Parece ser que el continuo endurecimiento que en los últimos años ha sufrido el estatuto de los trabajadores no ha sido suficiente. Y eso que el Real Decreto Legislativo 2/2015 realizó los ajustes más duros en materia laboral hasta la fecha.

No, no se puede obligar a nadie a que haga lo que no quiere hacer. Incluso aunque, seguramente por necesidad económica, se haya comprometido a hacerlo.

 

Hablando de estadísticas

 

Recientes estudios sobre el trabajo aportaron cifras no menos escalofriantes que nos obligan a todos a una profunda reflexión. Casi el 70% de los trabajadores está insatisfecho con su trabajo.

De los desencantados, el 20% reprocha a la empresa la falta de un clima laboral armonizado. El 35% está descontento con su salario. El 13% alega falta de estímulo. Más de un 10% se queja de la falta de liderazgo de sus jefes. Un 15% manifiesta que sus ideas son ignoradas. Otros estudios apuntaron como quejas más habituales de los trabajadores con respecto a sus jefes el trato frio, la falta de reconocimiento, no sentirse escuchados, incoherencias entre lo que dicen y lo que hacen y la falta, por parte de sus jefes, de asunción de responsabilidades, no en vano, el estudio puso de manifiesto que la alta dirección no asumió el 85% de los errores que manifiestamente fueron de su competencia.

 

¿Ausencia sin causa justificada?

 

No será, que en realidadno conocemos las causas del absentismo?… Peor aún, no será que no las queremos reconocer… No importa. La realidad es extraordinariamente tozuda.

La reducción del absentismo y el aumento de la productividad pasan, inequívocamente, por el desarrollo de habilidades de liderazgo de los equipos directivos. Afortunadamente esta idea comienza a tener relevancia en la alta dirección. Más de la mitad de las empresas españolas consideran el desarrollo de estas habilidades como uno de los principales retos para los años venideros. La implementación en el ámbito laboral de climas emocionales armonizados es responsabilidad de todos, pero esta responsabilidad debiera ser dirigida por empresarios y directivos.

De otro lado, la formación conductual de los trabajadores, esto es, la capacitación de los trabajadores para que sean emocionalmente inteligentes es lo que generará en éstos que se impliquen con su empresa como nunca antes lo habían hecho, que se comprometan con la eficacia profesional que reducirá el absentismo y generará los beneficios económicos que todos perseguimos. Amén, claro está, de corregir los desequilibrios en el contrato laboral.

Antonio Gallego

Coach transformacional  |  Promenia

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